martes, 22 de marzo de 2011

Capítulo 1 "el principio del fin"

No olvidaría su mirada, una mirada que estaba llena de incredulidad y odio. Sabía quiénes eran y por qué, tanto ellos como yo, habíamos ido a su casa. Jorge le ató las manos detrás de la espalda y rodeó sus piernas con unas cuerdas, no sin antes propinarle un puñetazo en la cara. Luis y Marisa (con sus respectivos pasamontañas) fueron a por la caja fuerte de la casa a coger todo lo de valor mientras Jorge se volvía a poner su pasamontañas.
-¿Qué vamos a hacer? –Le preguntó Virginia asustada. –Te ha visto la cara y conocen a la niña, no le podemos dejar aquí.
-¡CALLA! Estoy pensando. –Le gritó Jorge dando vueltas por el salón.
Yo no miraba a ningún lado sólo al suelo de madera de la habitación, sabía que lo habíamos estropeado, no había salido como Jorge había dicho y prometido. Miré a Gus para pedirle perdón pero me encontré con todo su repertorio de palabrotas. Jorge enfadado le puso un trapo en la boca atándoselo por el cuello.
De repente en la planta de arriba, oímos un golpe fortísimo y empezó a sonar una alarma, Marisa y Luis bajaron las escaleras corriendo preocupados.
-La alarma está conectado con la policía. –Explicó Marisa poniéndose el abrigo. –Hay que irse.
-Luis. -Jorge le cogió del brazo y éste le miró. -¿Qué hacemos con el chaval? Me ha visto la cara, conoce a la niña... –Le susurró una frase a Jorge la cual no oí y sin decir una palabra más sacó su pistola y centrando la vista en su objetivo apretó el gatillo. La bala atravesó el cráneo de Gus y yo solté un grito.
-Ya no dirá nada. –Y soltando una risotada salió por la puerta.
Virginia tapándose la boca salió y Jorge me miró, yo sin embargo miraba el cuerpo inerte de Gus, llorando. Se me acercó y me secó algunas lágrimas, yo, en cambio, giré la cara, no quería tener nada con él.
-Peque, escúchame. –Me empezó a atar como había atado a Gus y me colocó el pañuelo a la boca mientras yo seguía llorando. –No ha sido tu culpa ¿vale? –Parecía que en vez de animarme me desanimaba. –Sé que le querías, pero tienes que encontrar tus preferencias y obviamente somos nosotros. –Las lágrimas salían solas y me resultaba imposible ver. En ese momento le sonó el móvil, miró el número y luego a mi. –Carlota, tu turno, es hora de hacer tu trabajo. –Yo le miré, ¿qué otro remedio me quedaba? Eran mi familia y necesitaban mi ayuda. –Haz que me sienta orgulloso. –Me besó la cabeza, yo mientras seguía llorando asentí. –Plan B. –Ordenó y se fue.
Oí como el coche se iba a todo correr y yo repasaba el plan una y otra vez, las lágrimas me ayudarían para empezar, necesitaban tiempo para organizar todo y tiempo es lo que les daría. El cuerpo inerte de mi novio estaba tumbado en el suelo, encima de un charco de sangre. No volvería a estar con él, a reírme con él, a besarme con él… Más lágrimas caían sin descanso pues como bien había dicho Marisa ese día: en el momento en que Gus le quitó el pasamontañas a Jorge no había empezado a ir mal la cosa, sino cuando empecé a enamorarme de Gus.
No sé cuanto tiempo llevaba llorando con el cadáver de Gus a mi lado hasta que por fin vino la policía y me encontró atada de pies y manos, amordazada y llorando a moco tendido. Su mirada se centró en mí y luego al cuerpo de Gus. Sobresaltándose llamaron a sus compañeros para que éstos llamasen a la ambulancia. El agente Rodríguez me desataba las manos y el pañuelo de la boca e intentó que dejase de llorar para poder ayudar. Y eso resultaba imposible y no sólo porque era mi trabajo sino porque había entrado en una crisis nerviosa y no me dejaba hablar.
-Respire joven, coja aire y suéltelo, vamos, usted puede. –Me aconsejó cuando la ambulancia hacia su aparición en la calle.
Los vecinos curiosos intentaron echar un vistazo, pero esa vez la policía había sido más rápida.
-Cuéntenos, ¿qué ha ocurrido? –Me preguntó otro policía cuando me encontraba en la ambulancia más tranquila. El cuerpo de Gus lo había tapado con una especie de papel albal o un papel muy brillante no sabía con exactitud qué era. Desde que habían entrado y encontrarme en esa situación había pasado cuarenta y cinco minutos, ya era hora de empezar con mi trabajo.
-Estábamos esperando el autobús para irnos al cine y me dijo que se le había olvidado una cosa o no sé que era… -Intenté hacer memoria sobre ese objeto. No había dicho nada. Mis lágrimas volvieron a aparecer y balbuceando seguí. –Al… Entrar un hombre nos cogió a los dos… Yo, yo, yo no sabía qué hacer… El hombre me cogió y empezó a meterme mano… -Me puse la manos en la cara para no verles la cara, supuse que estarían horrorizados y seguí. –Gus intentó pegarles pero lo único que consiguió fue que nos atasen y le propinasen un puñetazo. No sé cómo ni por qué sonó una alarma y otro hombre le… Lu… -Cogí aire y solté más lágrimas. Quería decir su nombre, pero eso les llevaría hasta mí. –Le disparó. –Susurré. La mujer que estaba en la ambulancia me abrazó por detrás y por fin levanté la cabeza. Los policías que estaban a mí alrededor se quitaron el gorro de forma que vi las entradas del agente Rodríguez.
-¿Entonces, vieron a los ladrones?
-No… -dije apenas sin voz. –Iban con pasamontañas. –Nos quedamos todos en silencio y por fin habló otro agente.
-Señorita, será mejor que llame a los padres del chico y a los suyos. –Asentí sin querer hablar y la enfermera me cogió por detrás y me metió en una camilla.
-La llevaremos al hospital, necesita reponerse.
-Déjeme llamar, por favor. –La supliqué y ella aceptó, “claro que acepta, acabo de pasar por el peor momento de mi vida”.
Marqué primero el número de los padres de Gus y poco a poco y entre lágrimas les conté qué había pasado y cómo. Tanto su madre como su padre empezaron a llorar y lo único que me pidieron fue que no hiciesen nada con el cuerpo hasta que ellos llegasen. Después sin saber cuanto tiempo había pasado llamé a mi familia.
-Carlota. –Sonó aliviada la voz de Virginia y noté como el teléfono pasaba de manos.
-Gus ha muerto. –Le notifiqué aunque lo sabían perfectamente yo seguía llorando por el plan y por el dolor que sentía, Jorge, sin embargo no habló hasta que no terminé de relatarle todo.
-Lo siento muchísimo, sé que lo estás pasando mal, pero te necesitamos ahí, ¿has llamado a sus padres?
-Si, iban a coger el primer avión que viniese hacia aquí.
-Comenta que nosotros vamos en coche, hemos mirado en Internet y no hay billetes para ir al aeropuerto de Zaragoza. Hermanita. –Me llamó cariñosamente. –Te quiero y mucho.
-Te dejo. –Susurré y colgué. No me creía sus palabras, a alguien a quien quieres no le haces eso, intentas que pase buenos momentos, no los peores. Cuando colgué me apoyé en la camilla y me desmayé.

domingo, 13 de marzo de 2011

Saludos

Hola a todos y todas, es la primera vez que hago esto y espero que me salga bien. Un pequeño anticipo de: "El comienzo de mi vida" la protagonista pasa por situaciones que no debería pasar una chica de diecisiete años normal. Os iréis dando cuenta poco a poco que no siempre pasan cosas buenas ni malas y la más mínima decisión, puede cambiar todo. Espero que disfrutéis con esto. ¡Un besito!